Cada
vez se confirma con mayor nitidez la inutilidad de nuestro Parlamento
debido a la incapacidad de los parlamentarios. De ahí
que se impone una radical y profunda reforma constitucional
en lo referente al Poder Legislativo. Pero como nadie debe ser
juez y parte al mismo tiempo, será tarea de la anunciada
Asamblea Constituyente procurar la creación de un nuevo
ente legislativo que obligue a sus integrantes a trabajar con
mayor voluntad, profesionalismo y sabiduría por un mejor
futuro para la Patria.
Es
penoso admitir que el que debería ser primer poder del
Estado, se ha convertido, desde la reinstauración del
sistema democrático, hace 23 años, en una asamblea
de incapaces e irresponsables que, con muy contadas excepciones,
lejos de contribuir al desarrollo político y social del
país, sólo está sirviendo de tranca causándole
graves daños. No es posible callar, ignorar la realidad
dramática de que la incorporación a las cámaras
de senadores y diputados de elementos poco menos que analfabetos,
ignorantes de la realidad nacional, carentes de criterio cívico
y político, ha llevado al Parlamento en picada hacia
el desastre que hoy observamos. Increíblemente, esa misma
gente pugna ahora por encumbrarse en el Poder Ejecutivo. Si
eso llegase a ocurrir, ¿qué le espera a Bolivia?
Quizás, Dios no lo quiera, su desaparición como
República libre e independiente, tras un estado de anarquía
y caos.
A
la incapacidad del Congreso Nacional, demostrada desde hace
23 años, se agrega la acción negativa de unos
organismos de facto que se dieron en llamar “comités
cívicos”. Éstos, en efecto, lejos de coadyuvar
al desarrollo nacional, no han hecho ni hacen otra cosa que
profundizar el regionalismo, una lacra que nos persigue desde
que Bolivia es Bolivia. Esos “comités cívicos”,
que surgieron en algún momento en reemplazo temporal
del Legislativo, cuando éste fue clausurado o suspendido
por algún régimen dictatorial, han adquirido tal
fuerza que los otros tres poderes constitucionales del Estado
se quedan chicos frente a su poder, pues son capaces de paralizar
provincias, departamentos, regiones y al país todo exigiendo
caprichosamente algo que sólo interesa a unos pocos y
que puede perjudicar a los más. El “comité
cívico” es, pues, en Bolivia, un poder sobre el
poder. Su voluntad, que es voluntad de unos cuantos dirigentes,
tiene poco menos que fuerza de ley. Los otros poderes se inclinan
reverentes y temerosos ante sus caprichos. Es algo que también
debe terminar por el bien común.
Para
un eficiente y eficaz funcionamiento del Legislativo, es preciso
hacer ciertas reformas indispensables: de un lado, eliminar
el sistema bicamaral actual y crear una sola “Cámara
de Representantes” en la que estén representadas
todas las provincias con un representante cada una; de otro
lado, para ocupar un sitial en esa Cámara, los ciudadanos
deben tener un mínimo de educación y cultura,
no inferior a la académica o profesional; finalmente,
la “Cámara de Representantes” debe trabajar
en bien del país en su conjunto, sin adoptar actitudes
regionalistas o chauvinistas. Las banderas y otros símbolos
departamentales y regionalistas deben desaparecer. Bolivia debe
ser nada más que Bolivia.
Con
motivo de la redistribución de los escaños en
Diputados, estamos siendo actualmente testigos de nuevos actos
inauditos que demuestran claramente la incapacidad, la irresponsabilidad
y la ignorancia de los parlamentarios en el tratamiento de un
problema que no debería ser tal y que debería
ser solucionado de acuerdo con las disposiciones legales. De
no ser así, entonces ¿para qué sirven la
Constitución Política del Estado y las leyes de
la República?
El
Presidente de la República, Dr. Eduardo Rodríguez
Veltzé, hastiado, como todos los bolivianos sensatos,
de tantas maniobras sucias e indignantes de los parlamentarios,
ha anunciado una propuesta de solución. Bueno sería
que se trate de una suerte de “solución salomónica”
que permita, a unos, tener algo menos de lo que exigen y, a
los otros, tener algo menos de lo que tienen, sin llegar a enfrentamientos
verbales o físicos que hieran más la dignidad
nacional ante propios y extraños. Radioemisoras de gran
prestigio y difusión internacionales, como Radio Francia
Internacional, Radio Vaticano, Radio La Voz de América,
la BBC de Londres, la Deutsche Welle, CNN y otras, así
como órganos de prensa que transmiten sus comentarios
vía Internet, se ocupan de Bolivia para señalar
y criticar lo negativo, en muchos casos con marcada ironía.
¿Por qué los bolivianos damos motivo para que
se nos tilde poco menos que de salvajes y de suicidas? ¿Hasta
cuándo? Desgraciadamente, como he señalado en
un artículo anterior, la deficiente o, en algunos casos,
inexistente educación y cultura de vastos sectores ciudadanos,
debido a la incapacidad de sus gobernantes en todo tiempo, es
la causa principal del drama nacional. Drama que puede agudizarse
tras las elecciones del 4 de diciembre próximo, a menos
que los bolivianos sepamos elegir a los mejores.