“El futuro no pertenece a nadie, no hay precursores, sólo
retardatarios”, decía el dramaturgo surrealista
francés Jean Cocteau, cuando escribía sus versos
sobre Aladino y la lámpara mágica y el poder de
la palabra.
¿Acaso
el futuro pertenece a alguien?, es la pregunta que durante toda
esta semana me hice mientras vivimos el espiral de acontecimientos
que ha generado la reposición del artículo 88
de la Ley Electoral derogado por el Tribunal Constitucional
a instancias de Santa Cruz y reclamo legítimo y legal
de 4 escaños.
Y aquí
estamos nosotros, los cruceños y... los bolivianos, 180
años después viendo cómo el Estado agoniza
de a poco mientras las regiones parecen haber resucitado de
su adormecimiento y levantado a viva voz para hacer escuchar
sus reivindicaciones, como en la era de la venganza pública
y la venganza privada de la edad antigua y de las tiranías
de la edad media.
Todo porque
no existe un elemento ordenador: el respeto a la ley. Esa ley
definida como la norma jurídica general establecida conscientemente,
reflexiva, de alcance general y de cumplimiento obligatorio.
Y si no
hay respeto a la ley, tampoco hay Estado, entendiendo por Estado
a la sociedad política y jurídicamente organizada,
con tres elementos: población, territorio y gobierno.
Analicemos cada uno de ellos.
Población,
aún tenemos 9 millones porque otros tres millones están
en el exterior, sin dignidad como exiliados por falta de condiciones
de vida y de esperanza.
El segundo
elemento: territorio, todavía lo tenemos, menos de la
mitad de la extensión con la que nacimos, añorando
un mar que perdimos por incompetentes y con el riesgo que algunos
departamentos quieran anexarse a paises vecinos.
Y gobierno.
No hay gobierno porque nadie cumple la ley, empezando por el
primer magistrado del país, Eduardo Rodríguez,
privilegiado por haber sido Presidente de la Suprema, y de la
República.
Hay otros
elementos también del Estado, como la función
social que tampoco existe porque los gobernantes se han encargado
de regalar el país a precio de gallina muerta, pues el
pueblo no entiende por qué si Bolivia tiene 47 trillones
de pies cúbicos de gas, no hay gas para las amas de casa,
y el combustible sube cada día. La explicación
es sencilla, este país no tiene dueño, porque
ese energético es manejado como les da la gana por las
empresas petroleras.
Y en salud,
acaso la gente no se muere en la puerta de los hospitales por
falta de Bs 20 para la consulta y en educación, son pocos
los que acceden a una universidad pública.
Esa es la
herencia del centralismo de occidente como la plata y el estaño,
ya acabaron, y hoy el eje económico está en Santa
Cruz, y donde emerge la economía está el poder.
Es hora entonces que busquemos el poder político y desde
aquí construyamos Estado y gritemos a los cuatro vientos
cuáles son nuestras propuestas democráticas y
el que quiera subirse, bienvenido, y el que no, que se hunda
en el fango.
Roberto
Méndez
es periodista y docente.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado
por El Nuevo Día(Santa
Cruz), el 24 de octubre
del 2005. Petroleumworld Bolivia no se hace responsable por
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