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Gustavo Maldonado Medina :
Morales: ‘cosismo’ en vez de ‘gonismo’



Muchos lo creían imposible. Incluido el suscrito. En su mayor triunfo político en nueve meses de Gobierno, el presidente, Evo Morales, superó un gran desafío histórico al lograr que todas las multinacionales petroleras se adaptaran a la ley que permite al Estado retomar el control de las enormes reservas de gas. Las 10 petroleras que operan en el país adecuaron sus contratos a los términos de la nacionalización y aceptaron entregar el 82% de sus ingresos a Bolivia, en lugar del 18% que tributaban hasta ahora. “Misión cumplida con todo el pueblo boliviano”, dijo Morales.

“Con estos contratos sentamos soberanía sobre nuestros recursos sin expulsar a nadie; ésta es la nacionalización sin indemnización”, agregó.
No está en el diccionario, pero según el ‘Wiccionario’
(http://es.wiktionary.org/wiki/), ‘cosismo’ es la persona en política que practica lo que predica. Se ha dado en llamar cosismo a aquella actitud que en política consiste en hacer cosas, o en querer hacerlas. No es una denominación feliz, entre otras razones porque hasta el momento se la utiliza, preferentemente, con afanes peyorativos o, incluso, descalificatorios, por ejemplo, contra Evo Morales, que se ha propuesto algo en apariencia tan sencillo y que, sin embargo, se ve tan poco: hacer cosas concretas y reales, que vayan en beneficio de las personas de carne y hueso que sufren y padecen la falta de medios adecuados de subsistencia.

En el más controversial grupo de discusión en Internet (talk.politics), muchos participantes opinan que hay en el cosismo un trasfondo de mayor significado que el aparente y que el mal llamado cosismo, lejos de poder despacharse con un epíteto, bien puede encerrar grandes sorpresas para el acontecer político de un país. Cabe decir, para varios de los participantes, que hay de por medio todo un cambio de paradigma en el quehacer político, y que lo que hoy se llama cosismo está destinado a ser la actitud corriente a esperar de todo buen político el día de mañana, así como también la actitud que todo ciudadano y elector esperarán de sus candidatos y de sus autoridades.

Ahora, como todo es susceptible de articularse en doctrina, algunos participantes dicen que el cosismo también lo es, y la denominan “la doctrina de solucionar los problemas”. Un nuevo marco de comprensión de las funciones públicas, promisorio como pocos, a la vez que una noción de liderazgo que indica por dónde irán las futuras luchas políticas. Gobernar con los mejores, no importa a qué sector del espectro político se adscriban; buscar y dar soluciones independientes y autónomas a los problemas existentes; convocar las voluntades en pos del trabajo eficiente. Nada de eso requiere de un discurso abstracto y superior al plano de la evidencia, de la realidad social, de los desafíos verdaderos.

El verdadero cosista no es el que espera hacer cosas pequeñas, únicamente, como parece querer sugerirlo la palabra: el cosista espera también hacer grandes cosas, como por ejemplo, eliminar la pobreza. En un país como el nuestro, eliminar la pobreza es un desafío pendiente, es ‘una cosa’ que resta por hacer, y no es una cosa pequeña. Quien la logre, será, ciertamente, un estadista.

En la opinión pública, tanto en la ilustrada, que ya no se deja convencer por ‘nada’, como en la masa popular, que tiene más claro que ‘nadie’ las soluciones que requieren sus problemas, crece, paulatinamente, el grupo humano de los que confían en quienes sean capaces de hacer cosas.

Cada vez más personas se dan cuenta de que estamos frente a nuevos liderazgos y de que no hay que caer en el prejuicio o en el juego de que el cosista no es un líder. Crece la esperanza de que sean estas nuevas formas de liderazgo las que conduzcan el país a trascender de una buena vez la polémica estéril, la interminable discusión sobre lo que no atañe a la vida real. La gente se da cuenta de que no debe dejarse seducir por los cantos de sirena de los discursos políticos, que buscan sustituir con palabras la realización de tanta tarea que espera concreción. En suma, hechos y no palabras.


Gustavo Maldonado Medina es comentarista en El Deber ( Santa Cruz ). Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por El Deber, 01 de Noviembre del 2006. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores. Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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