Qué pasará en el país cuando tratemos el
tema de la Constituyente si hoy ni siquiera somos capaces de
respetar lo que manda aplicar la actual Constitución
Política del Estado en lo que se refiere al número
de diputados que le corresponde a cada departamento?
¿Se
imagina usted con lo taimados que somos el despelote que se
armará en el momento de definir el número de los
delegados nacionales a la futura Constituyente y de ellos cuántos
le corresponderán a cada departamento? ¿Qué
principios serán los que regirán para la elección
de los representantes departamentales? ¿Se respetará,
por ejemplo, el mandato Constitucional “un voto un ciudadano”?,
¿o simplemente cada subgrupo regional, llámense:
originarios, quechuas, aymaras, obreros, campesinos, mestizos,
croatas, maestros, gremiales, militares, policías, etc.,
votarán por sus iguales, es decir que cada miembro del
gremio o sector votará por su propio representante a
fin de darles la respectiva legitimidad? ¿O simplemente
se aceptarán como legítimos a los actuales líderes
si es que los hay? ¿Habrá un nuevo censo para
definir la población de cada subgrupo (aymaras, mosetenes
etc.) y conocer en consecuencia el número de representantes
al que se tienen derecho?
No
cabe duda que la elección de los representantes a la
futura Constituyente será un parto difícil y traumático
dado el pésimo antecedente que vivió el país
para redefinir los escaños que, según la norma
Constitucional, le correspondían a cada departamento.
Si a ello se suma, la importancia de los asuntos que se tratarán
en dicho evento, los cuales definirán aspectos esenciales
que hacen a la vida futura de cada región, tales como:
el régimen autonómico, régimen municipal,
descentralización de los recursos nacionales, regalías,
impuestos nacionales, departamentales y municipales, número
de diputados y senadores, régimen de la tierra, religión
etc., la situación que se vislumbra es por decir lo menos
potencialmente explosiva.
Creo
sinceramente que los bolivianos nos encaminaremos hacia graves
enfrentamientos y peligrosas divisiones producto de una falsa
expectativa de mejoramiento que prometen o pronostican los nuevos
profetas autóctonos como resultado de la refundación
del país producto de la famosa Asamblea Constituyente.
Sostengo que, la tan mentada nueva Carta Magna de la República
como un cuarto lleno de espejos, sólo servirá
para descubrir viejos y exasperados resentimientos, revanchismos
y regionalismos que ahondarán nuestras diferencias. En
otras palabras, nada cambiará en el país por el
solo hecho de su refundación y por consiguiente tal evento
sólo significará un espejismo de un bienestar
artificial que se irá diluyendo hasta convertirse en
la manzana de la discordia.
Ojalá
dependiera el bienestar de los pueblos de un brusco golpe de
timón o del resultado de cambios súbitos en las
directrices constitucionales. Lamentablemente no es así,
lo demuestran las 20 anteriores Constituciones elaboradas por
gente más patriota e instruida que aquella que elaborará
la nueva ley de leyes.
El
camino del desarrollo y de la equidad exige muchísimo
más esfuerzo que ideas revolucionarias sobre la refundación
del país. Depende de cosas más sencillas, pero
más difíciles como ser: honestidad, disciplina,
respeto a la ley, educación y, sobre todo, que sus habitantes
quieran compartir una misma visión sobre el futuro que
les espera.