Extra
Winston
Estremadoiro:
Brasil en el ABC de burradas del gas
El día después del mazazo del 61% a favor de Lula en la
segunda vuelta, Evo Morales madrugó a felicitarle, comparando
a Brasil y Bolivia con un matrimonio sin divorcio. Augura buena onda
para reparar bardas estropeadas con nuestro principal vecino. Yo mantengo
que un buen consejo se le viene a la cabeza de Lula, en canción
que fuera compuesta en 1972 por Chico Buarque: “Ouça um
bom conselho/ que eu lhe dou de graça/ inútil dormir que
a dor não passa”. Y que Evo contesta: “Eu semeio
o vento/ na minha cidade/ vou pra rua e bebo a tempestade”. Porque
quitó el sueño y el dolor no cesa en Lula, aquel ‘sumiso’
que le endilgaron sobre su actitud, después del show mediático
de ocupar militarmente instalaciones de Petrobras en Bolivia, el 1 de
mayo.
Las sindicaciones
de anteriores mandamases en La Paz agriaron la relación entre
Brasil y Bolivia. Los sobrios Carlos Villegas, ministro de Hidrocarburos,
y Juan Carlos Ortiz, presidente de YPFB, hicieron mucho para llevar
las negociaciones con las petroleras a una mesa sin estridencias ni
chantajes. El 28 de octubre hubo otro show: la romería de las
petroleras firmando nuevos contratos, ante la mirada solemne de los
principales de Bolivia. Ni secó la tinta que se precipitó
un alud de propaganda exaltando al adalid Evo Morales. Vale preguntar
si en la política boliviana hoy pesa más el medio que
el mensaje, rebotando la impactante frase de McLuhan de que el medio
es el mensaje en la era televisiva. La forma vale más que el
fondo.
En la forma, Evo
Morales recuperó popularidad mediante el show mediático.
Siguen pendientes nuevos precios para el gas que compra Brasil y el
monto a pagar por las refinerías. Según José Fernando
de Freitas, presidente de Petrobras, el nuevo contrato mejora condiciones
de operación en relación a los 6 meses últimos.
El fondo es que de pagar 82% de impuestos sobre facturación bruta,
que significaba operar sin ganancia, con el nuevo contrato la mitad
facturada es para el Gobierno boliviano por concepto de impuestos y
regalías; la otra mitad cubre costos de operación y amortiza
inversiones. Y el lucro se reparte. La participación del Gobierno
boliviano será mayor al 50% vigente hasta mayo 2006, pero menor
al 82% de los últimos meses.
Bolivia es un país
andinocéntrico que otea al perdido océano Pacífico
desde la atalaya de su altiplano, dando la espalda a su norte y a su
oriente, incluyendo a Brasil, su gigante vecino. Valga por indicativa
la encuesta que preguntó a qué países debe dar
prioridad Bolivia en sus relaciones exteriores. Un 43% votaron “a
todos”, siendo que tal situación no es viable por la pobreza
del país; rezongarán contra EEUU, pero más del
29% lo consideran prioritario; Venezuela obtuvo el 17% de los votos,
debido quizá a que Bolivia está a un paso de ser su protectorado.
En cuarto lugar estaba Brasil con un magro 8,37%.
Nada mejor que Dirty
Harry, aquel personaje de Clint Eastwood en un trío de películas
memorables, para ilustrar que su lapidario “un hombre tiene que
conocer sus limitaciones” atañe también a man-
datarios y gobiernos.
No es auto-flagelante que contribuya en la didáctica de las limitaciones
que tiene Bolivia en comparación al gigante vecino. Ya Lula intentó
ilustrar en mapas a su par Evo, de que Brasil es contiguo a la pequeña
Bolivia en 3.423 km de frontera común, de lejos la más
extensa de sus vecinos, cual oso que abraza, pero puede despedazar.
Tiene 21 veces más gente en un territorio casi 8 veces más
grande. Su producto interno bruto es casi 650 veces mayor. Su promedio
de $8.400 de ingreso per cápita es casi tres veces mayor; oculta
desniveles de ingresos en los estados brasileños: si se compara
el per cápita de Sao Paulo, que genera el 30% del PIB nacional,
un paulista gana varias veces más que un cruceño, para
no enrojecer comparándolo con un potosino.
Brasil es el más
importante socio comercial: el 41,2% de exportaciones; el 21,9% de importaciones.
En energía, ambos países dependen el uno del otro. Amén
de la opción más económica y con infraestructura
de transporte de gas natural hacia sus industrias, Bolivia está
en el camino de Brasil hacia el Pacífico por la cintura del continente,
para llevar sus productos al inmenso mercado asiático. Faz o
favor!, los diplomáticos bolivianos deberían leer Casa
Grande e Senzala de Gilberto Freyre y biografías del Barón
de Río Branco, en vez de payasear charadas aimaras.
Vale bosquejar algunas
prioridades en la relación binacional. Uno, es preciso rescatar
iniciativas de industrializar gas en la frontera oriental de Bolivia,
pero en el lado pobretón y con proyección al mercado brasileño.
Dos, antes que causar alarma infundada con puertos y bases militares
boliviano-venezolanas, se debe informar de la necesidad boliviana de
abrirse al Atlántico por la Hidrovía Paraguay-Paraná:
que sus puertos en la Laguna Cáceres y en la Punta Man Césped
requieren navegación abierta y sin trabas. Tres, si bien el sur
brasileño está haciendo bypass a la díscola Bolivia
por el norte argentino hacia puertos chilenos, estados como Mato Grosso,
Rondonia y Mato Grosso do Sul no pueden prescindir de la conexión
boliviana.
No sólo porque
soy oriundo de Riberalta, está un tema que he tratado en abril
2003 y noviembre 2004. Si de llegar al mar se trata, ¿cómo
quedar al margen de las hidroeléctricas en el río Madera,
con un potencial de 3.800 y 3.580 MW en el lado brasileño? Es
urgente definir obras en el lado nuestro, su relación con los
ríos Beni y Yata, minimizar impactos ambientales. Definir parámetros
de navegación, tamaño y localización de esclusas
navegables.
Lo
óptimo sería que Bolivia construya represas hidroeléctricas
que atiendan la demanda de energía de Brasil, cuyo consumo crece
a un ritmo de 15% al año. Ahí está la cuenca del
río Beni, con 50.000 MW de potencial hidroeléctrico.
Winston
Estremadoiro
es antropólogo.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por Jornada,
02 de Noviembre del 2006. Reproducimos el mismo en beneficio de los
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emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de
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