Como parte
de la campaña electoral, las empresas petroleras en general
y dos en particular incursionaron en la propaganda proselitista,
como uno más de los candidatos presidenciales, a Prefectos
y a parlamentarios en la incierta elección boliviana
de fin de año.
Primero
fue Repsol YPF, esa mega empresa de capitales españoles
y argentinos, que tiene a su cargo (por ahora) buena parte de
nuestras reservas hidrocarburíferas. Por medio de una
agresiva y autoritaria campaña televisiva, Repsol YPF
señala que invirtió más de 9 millones de
dólares en proyectos sociales en el Chaco boliviano,
contra lo que señala la Asamblea del Pueblo Guaraní
(APG) cuyos dirigentes, en un Pronunciamiento del 28 de enero
de 2005, en homenaje a los 113 años de la Masacre de
Kurukuky, señalaron que “todos se benefician del
recurso hidrocarburífero, menos los dueños del
mismo”.
La segunda
agresión mediática (por radio, TV y periódicos)
vino de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos, la que
señala que el gas solo sirve cuando se lo saca del subsuelo
y se lo exporta (obviamente, en las condiciones actuales) por
lo que debemos seguir apoyando las inversiones de la veintena
de empresas petroleras, todas ellas multinacionales y favorecidas
en extremo por Gonzalo Sánchez de Lozada, ese siniestro
empresario boliviano-estadounidense expulsado de la Presidencia
en octubre de 2003 y ahora con residencia forzada en Estados
Unidos, donde no es posible siquiera citarlo para que declare
por acusaciones judiciales.
Una tercera
campaña proviene de la empresa petrolera Chaco, la que
por medio de una red nacional de radio que organiza competencias
internacionales de ciclismo (que se corre en estos días)
nos dice que debemos seguir apoyándola en su “fructífero”
trabajo en Bolivia. Otras campañas, más pequeñas
pero no menos importantes son las de Transredes (Shell-Enron)
y su engañoso lema “El buen conductor” o
la de Petrobras.
Estas campañas
contradicen, públicamente a las propuestas de varias
candidaturas presidenciales que proclaman una nacionalización
del gas y del petróleo. Esas campañas no mencionan
la palabra nacionalización (en realidad se oponen a ella
porque tienen mucho que perder).
La conclusión
parece obvia: Tantos problemas enfrenta esta elección
(desacuerdos parlamentarios por curules departamentales, suspensión
de los comicios “a último minuto”, amenazas
de intervención militar a Bolivia o la artificial escasez
de gas licuado de petróleo por más de un mes en
varias ciudades) para terminar con una agresiva campaña
mediática de las empresas petroleras cuyo mensaje es
idéntico a la que emitieron en el preludio de la Guerra
del Gas: Exportar el gas pero no nacionalizarlo. ¿Qué
buscan el poder y las petroleras?
Edgar Ramos Andrade,
Es periodista, investigador en comunicación y activista
social. Sus puntos de vista
no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado
por Jornada
( La Paz), el 10
de noviembre del 2005. Petroleumworld Bolivia no se hace responsable
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