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Santiago Berríos Caballero:
Lo que no debemos callar Gas: ¿bendición o maldición?

El título de esta nota podría ser fácilmente asimilable a lo ocurrido con todos nuestros recursos naturales a lo largo de la historia. Es que primero fue la plata del gran Cerro Rico, luego el salitre y el guano; la goma o el caucho del Noreste; el estaño que sirvió al país del Norte en sus pertrechos bélicos durante la 2a. Guerra Mundial; hoy el gas y el petróleo, por si fuera poco, el agua dulce con el que Bolivia cuenta en la frontera con el Paraguay.

Parecería que los designios del país se encontraran precisamente en el potencial con el que la naturaleza nos ha favorecido, pero que ha significado la vertiente de nuestras desgracias.

No olvidemos que la codicia de los colonizadores ibéricos había estado en las riquezas de oro y plata, tanto en el Perú como en el Alto Perú (hoy Bolivia), y ello contribuyó a que se hubieran asentado con mayor perseverancia en estos territorios, al extremo de que el Alto Perú fue el último escenario de la independencia y liberación del Coloniaje español, lo que nos da la idea de que su pretensión fue la de mantener a ultranza su predominio en esta parte del Continente.

Después de la Independencia y su organización en República de Bolivia, el nuevo Estado independiente es administrado por los que en la víspera de su nuevo status eran partidarios de los realistas españoles, lo que significó que se produjo una especie de “pasanaku” de padres, tíos y abuelos españoles a los nuevos depositarios del poder. El sometimiento continuó, al extremo de que se contradijo la tesis del Libertador Bolívar, que era la de mantener intacto el territorio de la Gran Colombia y no parcelarlo como una suerte de distribución de ese poder que emergería en favor de los hijos, los nietos y los sobrinos de los españoles que fueron expulsados, con los resultados que hoy soportamos los latinoamericanos.

Esa ha sido la suerte de estos territorios del Continente Americano, tal como nos lo señala Eduardo Galeano en “Las Venas abiertas de América”, puesto que la dominación que era económica, política y cultural continúa.

En lo que se refiere a Bolivia, hoy como ayer el destino nos mantiene con una suerte de dependencia absoluta del poder imperial, sin la posibilidad de liberarnos por la presencia de cipayos naturales que so-pretexto de interdependencia y precisar de inversiones que no los tiene el país, consienten aquella dominación que parece se prolongará por los siglos de los siglos, atenta primero la transinternacionalización que dio lugar luego a la transnacionalización y desarrollo en América Latina, ya que tenemos que considerar la intervención económica como un medio de consolidación y expansión del polo dominante, que se constituye en una constante a través de los distintos sistemas económicos que se han sucedido en la historia de la humanidad.

Se había sostenido que el descubrimiento por parte de nuestra entidad autárquica (¿?) YPFB, de grandes reservorios de gas y obviamente de petróleo, significaría a mediano y largo plazo la industrialización del país, de modo que se inicie el despegue del subdesarrollo al desarrollo para lograr mejores días para los bolivianos. Ha sucedido todo lo contrario, tal como lo diría el maestro Carlos Montenegro, quien al referirse a la Batalla del Campo de la Alianza decía que “el inútil sacrificio consumado allí por nuestros soldados, tuvo, en cierto sentido, el carácter de un suicidio nacional”.

Lo propio ocurrió con YPFB que se la liquidó por un par de centavos y aquella acción de la oligarquía boliviana es equiparable al suicidio nacional referido por Montenegro.

Es también aplicable al análisis que había hecho Sergio Almaraz en su “Réquiem para una República”, al referirse a la miseria de la derecha después del 4 de noviembre de 1964, demostrando cuán vulnerable es aquella y que se encuentra en su “miseria material y su reflejo ideológico inconsistente y ambiguo, que engendró un repertorio de ideas que puede caber en la cáscara de una nuez: iniciativa privada y libre empresa, desnacionalización de las minas, integración y desarrollo”.

Aquel despropósito de intervención foránea que es producto de la pobreza del arsenal ideológico de los cipayos, consiguientemente demostración de su sometimiento, llega al colmo de contagiar a quienes se dicen ser “socialistas e izquierdistas” que lanzan el discurso de la “nacionalización del gas”, desconociendo que el Estado boliviano, al reconocer que todos los contratos sobre el gas son nulos de pleno derecho, no ha perdido su derecho propietario y por ello se impone simplemente la Recuperación de sus Hidrocarburos, acudiendo a la ley, al derecho y la justicia, que es lo que se está llevando adelante ante autoridad jurisdiccional.

El modelo neoliberal no es nada más que la modificación estructural que el proceso de transnacionalización significó para el sistema capitalista, lo que a decir de Celso Furtado: “... deben ser tenidas en cuenta si se pretende captar el alcance y la significación del crecimiento de la ortodoxia liberal como fuente inspiradora de las políticas económicas en los países latinoamericanos”.

Entonces concluimos señalando que el gas, tal como lo fueron los tres recursos naturales, ¿habrá sido una bendición o una maldición? ¿Y qué ocurrirá en el futuro con el potencial de agua dulce descubierto en la frontera con el Paraguay? Dios Salve a Bolivia.


Santiago Berríos Caballero
, es Abogado, y es articulista en varios medios de comunicacion . Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El Diario
( La Paz )
, el 13 de noviembre del 2005. Petroleumworld Bolivia no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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Petroleumworld Bolivia 14 11 05

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