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Daniel
A. Pasquier Rivero : ¿After MAS?
El proyecto cruceño ha crecido lo suficiente como para convertirse
en una alternativa nacional al centralismo andino que ha gobernado Bolivia
por 181 años, demostrando su ineficacia para proveer al país
de las mínimas condiciones de bienestar en una comunidad moderna;
su fachada de libertades formales ya no puede ocultar el sistema injusto
y corrupto creado para generar tal grado de marginalidad y exclusión
que son inaceptables a cualquier conciencia honesta y crítica.
El centralismo declina
pero se resiste a desaparecer y, paradójicamente, ha encontrado
en esta aglutinación de “reivindicaciones sociales”,
los “movimientos sociales”, la oportunidad de mantener cierta
vigencia. A excepción del sector narcovinculado incrustado entre
estos movimientos sociales, los demás encuentran suficiente justificación
en los largos años del centralismo ignorante que vivió
sordo y ciego a espaldas de la realidad nacional.
Los sectores marginados
parecen empeñados en salvar al centralismo, causa estructural
de su propia miseria. Es clara la manipulación que realizan unos
cuantos criollos y mestizos de este gran movimiento reivindicatorio;
vivillos empachados de ideología marxista manipulando tiempos
y conceptos culturales y sociales para implementar, con su caballo de
Troya, la dictadura de la “intelligentia”, que como siempre
será la única que aprovechará la ventaja del ascenso
al poder. Con el tiempo empezará el país a conocer los
entresijos de la nueva corrupción y a los beneficiarios nacidos
al calor de tanto poder en tan pocas manos. La lucha encarnizada con
la oposición no es gratuita, así lo demostró años
después el aparato que gobernó la URSS, China, Europa
del Este, y las cuestionadas Cuba y Venezuela.
Las clases empobrecidas
han llegado al poder, el MAS ha servido para eso. La falta de cuadros
técnicos calificados en sus filas es notoria, y se trata de subsanarlo
acudiendo a una clase siempre dispuesta a prestar servicios a quien
sea, la izquierda infantil y oportunista, con tradición además
a una innata inclinación por la traición. Estos son en
gran parte los que están ganando pantalla y prensa con declaraciones
y sugerencias cada día más fuera de tono, proponiendo
atropellos a la constitución, a las leyes, a los compromisos
conseguidos a veces con enorme esfuerzo mediante diálogo y mesas
de concertación, como corresponde en toda sociedad mínimamente
democrática.
Pero para el partido
de gobierno la democracia es otra cosa; para ellos nace en el ejercicio
realizado por años en los sindicatos, donde hay debate pero donde
el caudillismo es claro y aplastante, y el sometimiento de los afiliados
a la autoridad de la asamblea suele ser ciega y el comportamiento dócil.
Sí, los marginados a través del MAS han llegado al poder,
pero el poder está siendo ejercido y en gran parte manipulado
por elementos con ideología y objetivos foráneos; una
vez más pueden perder la oportunidad de avanzar en sus reclamos
económicos, culturales y políticos.
El tono de confrontación
al que está apelando esta “intelligentia” puede llevar
a la sociedad boliviana, que somos todos, masistas y no masistas, a
un mal final. ¿Podremos cruceños y no cruceños
evitar la confrontación? No hay duda de que se están hablando
en el país dos idiomas distintos, son visiones diametralmente
opuestas de la sociedad en cuanto a valores se refiere; ni siquiera
entendemos lo mismo por democracia. Santa Cruz es el escenario elegido
por el MAS para medir fuerzas y lo está haciendo con todo su
poder y aún falta, pues no se puede negar que tiene plan y suficiente
convicción como para lidiar por la victoria. En esta lucha cruceña
se vislumbra “la gran guerra”, porque se está atacando
con todo a lo que supone el corazón de la institucionalidad cruceña,
en este momento simbolizado por su Prefecto, electo por voto directo
popular, al Comité pro Santa Cruz, promotor de los históricos
Cabildos y Referéndum por la Autonomía; se ataca sin tapujo
la propiedad privada, base de nuestro desarrollo, que hizo de la agropecuaria
parte consustancial de su modelo productivo; se trata de disminuir,
de confundir y de limitar el apoyo a las manifestaciones de su identidad
cultural; se trata de ganar adeptos y simpatías repartiendo tractorcitos
allí en el corazón de la Chiquitania, ¿en qué
idioma hablaría el ministro de educación en San Antonio
de Lomerío?
En esta hora no
deben haber cruceños que la miren de palco. Está en juego
la libertad en toda su dimensión: al luchar por la tierra no
defendemos latifundistas si no la soberanía del camba sobre su
territorio; cuando pedimos autonomía estamos conscientes que
cumplimos con la voluntad de los padres fundadores de Santa Cruz, y
que aseguramos para las futuras generaciones nuestra riqueza cultural
con sus usos, tradiciones y manifestaciones artísticas; exigimos
autonomía para cambiar la forma de administrar nuestros recursos,
para ponerlos al servicio de todos, distribuyendo mejor y con prioridad
hacia los más necesitados; siendo autónomos queremos también
demostrar un liderazgo ético, para demostrar que asumimos como
sociedad la responsabilidad de sacar del fango de la pobreza y la ignorancia
a nuestros conciudadanos.
La estrategia cruceña,
la grande, pasa por los temas antes mencionados, pero también
debe estar presente, en mente y en acción, la pequeña
estrategia: convertir a nuestra juventud en elementos positivos, educados,
instruidos, productivos; qué podemos esperar a futuro en este
escenario de conflicto si se le tiene aversión al estudio; hay
que incentivar la atracción por el cultivo personal, el esfuerzo
intelectual, prepararse con tiempo para lo que viene, que no va a ser
fácil: veamos de vez en cuando parámetros de conocimiento
y de realizaciones juveniles, de este tiempo, en otra sociedades más
desarrolladas. Hay que reactivar el amor por el cultivo y crecimiento
espiritual, donde quepa la virtud que hace fuertes para buscar e intentar
lo bueno. La invasión comenzó hace tiempo, de otra manera,
pues nos han debilitado hace mucho con modelos de vida fácil,
riqueza sin esfuerzo, tiempos de juerga interminables, relativismo intelectual
y moral, licorerías en lugar de librerías. Todo eso nos
debilita, se rehuye al esfuerzo, al dolor, al sacrificio; acaso está
el egoísmo antes que el altruismo, ¿dice algo todavía
el amor al prójimo?
El tiempo se ha
acelerado y la manera de ser cruceña, que puede ser el gran aporte
a la nacionalidad boliviana, es atacada por políticos y agitadores,
a los que no les gusta o no les conviene nuestra manera de ser, que
han salido de todas las trincheras largamente preparadas y están
dotados del equipamiento necesario (dinero de ONGs, donaciones y condonaciones
de los socios ideológicos, y recursos propios suficientes por
esa coincidencia de precios altos en hidrocarburos, minerales, etc.),
para tener a disposición medios de “desinformación
masiva”. ¿Será esta la madre de todas las batallas?
Lo que está claro es que se toma partido por Santa Cruz poniéndose
al lado de los que luchan de verdad y pueden morir en el combate, o
se toma partido contra de Santa Cruz quedándose al margen, rezagados
como siempre, para tratar de medrar en el éxito del que salga
triunfante, aunque sea prestando el servicio de apagar las cenizas de
la confrontación.
Daniel
A. Pasquier Rivero
es articulista en varios medios de comunicacion. Sus puntos de vista
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Nota
del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por El Nuevo
Día , 23 de Noviembre del 2006. Reproducimos el mismo en beneficio
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