Murió Roa Bastos, el escritor de los destierros
La Razón
LA
PAZ
Petroleumworld Bolivia 27 04 05
Un infarto causó ayer la muerte del escritor y poeta. El Premio Cervantes 1989 deja una obra de más de 20 títulos. La mayor gloria de las letras de Paraguay vivió la mitad de su vida en el exilio.
El mayor exponente de la literatura del Paraguay, el escritor Augusto Roa Bastos, falleció ayer en Asunción, Paraguay, a los 87 años, dejando una obra de más de 20 títulos —incluyendo novela, cuento, teatro y poesía— que le valió el premio Cervantes 1989.
Yo, el Supremo (1974) se convirtió en una de las novelas emblemáticas sobre la figura del dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó con mano dura durante 25 años tras su independencia en 1811.
El retrato de Rodríguez de Francia era tácitamente el del dictador Alfredo Stroessner, y por eso la novela estuvo prohibida muchos años en Paraguay.
Nacido en 1917 en Asunción, fue su madre quien lo inició en las letras a través de las lecturas en castellano de la Biblia y de William Shakespeare.
La seguidilla de golpes y dictaduras que vivió su país lo obligaron en 1947 a exiliarse en Buenos Aires, donde trabajó como empleado de una compañía de seguros. Otro golpe, el de los militares argentinos, lo obligó en 1976 a hacer nuevamente sus maletas para instalarse en Toulousse (Francia), donde empezó a enseñar literatura y guaraní en la Universidad Le Mirail.
Tras un breve viaje a su país en 1982, la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-89) lo privó de la ciudadanía paraguaya.
El destierro siempre fue una herida que no acabó de cicatrizar. "Hasta los perros se duelen cuando se los echa de un lugar. Imagínese cómo será en un hombre", dijo en una entrevista.
En 1944 formó parte del grupo "El nido de la alegría" que inició la renovación de la poesía y la plástica de Paraguay en los años 40.
En 1953 lanzó su primera antología de cuentos, El trueno entre las hojas; y en 1960 su primera novela, Hijo del hombre. Luego, en 1993 publicó El fiscal.
Aunque el Premio Cervantes supuso la coronación a su prolífica labor intelectual, no paró de escudriñar en los vericuetos de la historia sociopolítica de su país, y lo siguió haciendo después de su regreso definitivo, en 1996, tras poner fin a 50 años de exilio. Asunción, EFE, AFP, DPA
La Guerra del Chaco lo inspiró
La Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-1935) —en la que participó como asistente de enfermería— fue una de las experiencias que marcarían para siempre al escritor Augusto Roa Bastos, por la brutalidad de las luchas.
Producto de aquella experiencia, el escritor publicó en 1960 el libro Hijo de hombre, que contiene en la trama elementos de dicho conflicto.
La novela, la primera escrita durante su exilio, tiene fuertes reminiscencias religiosas, en la que el autor funde en el relato la figura de un campesino y un oficial militar con Jesucristo y Judas.
Hijo del hombre ganó varios premios, igual que sus versiones cinematográficas como La sed y Choferes del Chaco, una adaptación realizada por el autor de uno de los capítulos sobre los camiones aguateros que prestaron ayuda a las tropas paraguayas en las batallas en el Chaco.
Al finalizar el conflicto bélico, ingresó al diario El País de Asunción, del cual llegó a ser jefe de redacción y corresponsal en Londres después de la Segunda Guerra Mundial. Asunción, AFP
Petroleumworld 26/04/05
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