SANTA
CRUZ
Petroleumworldbo.com 05 05 08
Acá, éstos no son los
Andes. En Santa Cruz, el rico departamento oriental de Bolivia que vota el domingo
por su autonomía, los habitantes cultivan la diferencia, incluso el odio
hacia sus compatriotas, comenzando por el presidente Evo Morales.
Pulmón económico del país más pobre de América
del Sur, esta región, donde la mayoría de habitantes es de origen
europeo o mestizo, reprocha al primer presidente de origen indígena utilizar
sus yacimientos de gas en favor de las comunidades andinas.
"Si un ladrón entra en su casa, usted no va a negociar con cuáles
muebles se puede quedar", dice a la AFP Carlos Dabdoub, un influyente dirigente,
justificando el referendo de este domingo que apunta a instaurar un estatuto
de autonomía administrativa.
Esta provincia rebelde, cuya población se ha multiplicado por 10 en los últimos
60 años para llegar a los 2,5 millones de habitantes actuales (un cuarto
de la población total de Bolivia), tiene la mitad de desempleo y pobreza
que el promedio nacional y produce cerca de un tercio de su Producto Interno
Bruto (PIB).
La chaqueta y la corbata reemplazan el poncho en Santa Cruz, capital de la región,
una ciudad moderna situada a 900 km de La Paz y a las puertas de la selva amazónica.
Las consignas racistas surgen fácilmente: nadie olvida la frase pronunciada
por el alcalde Percy Fernández cuando Evo Morales llegó al poder
en 2006: "en este país pronto habrá que pintarse y ponerse
plumas para existir".
Héroe en los altos valles andinos, el jefe de Estado, un líder
sindical cocalero hasta el día de hoy, es objeto de los calificativos
más despreciativos.
"Nosotros no somos cultivadores de coca, vendedores de cocaína. Producimos
la riqueza verdadera", dice Roberto Gutiérrez, vicepresidente del
Comité Pro-Santa Cruz, una poderosa organización cívica
formada por empresarios y grandes propietarios agrícolas.
"Morales quiere imponer su cultura indigenista sobre todo el resto",
deplora este ingeniero de 38 años, un hombre elegante y altivo.
El antagonismo entre Santa Cruz y La Paz se remonta a una rivalidad ancestral
entre los 'cambas', habitantes de los llanos agrícolas del oriente, y
los 'collas', campesinos de los Andes, al oeste.
La personalidad misma de Morales, un admirador de la revolución cubana
que aboga por la "abolición del capitalismo" y la recuperación
de los recursos naturales para el pueblo originario, le ha dado un nuevo vuelo
a este antagonismo.
Director de la Cámara de Comercio e Industria regional de Santa Cruz,
que agrupa a 1.600 empresas, Eduardo Paz deplora esta "visión indigenista" de
la economía.
"La inestabilidad y la incertidumbre, eso no es bueno para los negocios",
afirma en alusión a la ola de nacionalizaciones de hidrocarburos impulsada
por el gobierno socialista de Morales.
"Los indígenas no han alcanzado el mismo nivel de educación
que nosotros. Quieren arrancarnos hacia abajo", dice por su parte Marlene
Salinas, una economista de 44 años.
Un ambiente muy distinto reina en las zonas pobres de Santa Cruz, donde se amontonan
los campesinos andinos que buscan trabajo, partidarios de Morales que ahora buscan
perturbar el referendo.
"Acá la gente es muy agresiva y racista con nosotros. Ni nos atienden
en las tiendas", dice Mario Choquecolque, un vendedor de ropa de 33 años,
originario de Oruro, una región andina que en otra época fue una
potencia minera.
Su sentimiento de injusticia es tanto más fuerte dado que fue la época
de la minería del oro la que permitió el desarrollo de los valles
del oriente el siglo pasado.
"Ahora los ricos quiere olvidarse de nosotros", dice con amargura." Hay
un riesgo de guerra civil".
Nota
de AFP
AFP
03/05/08
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